Teletrabajo tarea pendiente para las empresas españolas

Teletrabajo: tarea pendiente para las empresas españolas

02 jul., 2018 | Rafael Morón Abad | Transformación Digital Full On Net | 0 Comentarios

Conocíamos en el último informe de la Organización Internacional de Trabajo, otro de los aspectos en el que España destaca dentro de Europa, nuestra baja implantación del teletrabajo. Únicamente el 6,7% de los empleados en España lo ejerce, sea de forma habitual u ocasional, menos de la mitad de la media europea.

 

Es evidente que no se trata de una fórmula que se adapte a todos los sectores económicos, sería ridículo pensar en la aplicación de estas facilidades en el comercio de proximidad o en una planta industrial. Pero en lo que llevamos del siglo XXI, año tras año en España se ha ido incrementando el porcentaje de empleos que corresponden al sector servicios, cuya manifestación más clara es el trabajo en oficinas.

 

En un mundo globalizado, de concentración del talento y empleo en las grandes ciudades, obliga a las clases populares a tener el centro de trabajo en zonas de periferia peor conectadas. Usar un coche por persona y día parece un despilfarro y un esperpento, que difícilmente nuestra sociedad y el planeta que la sustenta, va a aguantar más de dos telediarios.

 

 

Desde el punto de vista del trabajador, el teletrabajo es la piedra angular que puede permitir sostener la terna trabajo-familia-descanso, triángulo a menudo en desequilibrio por múltiples factores. La supresión de los improductivos tiempos de desplazamiento supone un alivio importante que ayuda a equilibrar este complicado puzle de tres piezas.

 

Pero el mayor beneficio, sin duda, lo es para las empresas. El talento no está siempre concentrado, hay mucho talento en lugares que no son donde se acumulan las sedes empresariales, y el teletrabajo permite captarlo. Además, es algo que los profesionales valoran y que las empresas pueden ofrecer para fidelizar a sus empleados. Además, cuando la jornada de trabajo no va acompañada por largos desplazamientos, el cansancio se reduce y la productividad lo agradece.

 

Pero no todo es positivo. La implantación del teletrabajo requiere cambios en los métodos y herramientas y en la cultura de la organización, que hasta hace tan sólo 15 o 20 años no habrían sido posibles, o ni tan siquiera imaginables. Ahora, la multitud de herramientas metodológicas y formas de comunicación, compartición de archivos, pantallas, configuraciones y hasta contraseñas, permiten un trabajo colaborativo más ágil y que compensa en gran medida las desventajas de la dispersión geográfica.

 

En mi experiencia personal, cuando tu ámbito de actuación abarca temas muy diversos con muchas personas, en el modo de trabajo presencial es más difícil ordenar las tareas, cada cual se interesa por unos temas e interrumpe sin pretenderlo la ejecución de otras tareas. En remoto, es mucho más fácil “ordenar” virtualmente las tareas y las interacciones con compañeros y colaboradores. Técnicas del mundo Agile como la técnica de Pomodoro (tiempo cronometrado que se dedica intensivamente a ejecutar una tarea, sin interrupciones) y los tótems (objeto físico equivalente al No molestar en mensajería) tienen muy poca penetración en el mundo físico, pero son tremendamente sencillas de implementar en el virtual mediante los estados de las herramientas de comunicación en tiempo real, como Skype Empresarial. Además, que el fin de la jornada suponga instantáneamente estar en casa, significa que mis hijos y los de quienes somos padres y madres, están mejor atendidos.

 

En ese sentido, para todo este tipo de herramientas, tecnologías y métodos de trabajo colaborativo, así como a las empresas que, como Full On Net, las hemos sabido implantar, les auguro un futuro muy prometedor.


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Rafael Morón Abad


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